Autor: María Álvaro
22 septiembre, 2021

 

¿Cómo abordar la educación afectivo-sexual de nuestros hijos e hijas? ¿Cómo enfrentarnos al preocupante acceso a la pornografía a edades muy tempranas

Charlamos sobre ello con Rocío Paños, quien desde hace más de 12 años forma parte del equipo de actuaciones con familias de Fad. Licenciada en Psicología con un Máster en Terapia Familiar Sistémica, está convencida de la gran importancia que tienen madres y padres en la educación de sus hijos e hijas y es madre de un peque de tres años llamado Adrián.

¿Qué papel tiene la familia en la educación afectivo-sexual de sus hijos e hijas? 

La familia es donde primero vamos a aprender aspectos como el respeto, el consentimiento, la intimidad y la privacidad.  Como familias, resulta necesario tomar conciencia de la influencia que tenemos en su educación, por ejemplo, qué modelo de pareja les estamos transmitiendo, cómo les enseñamos a conocerse, a respetarse, a ser personas autónomas, a conocer su cuerpo y sus emociones, etc. 

Si, desde el primer momento abordamos este tema con naturalidad, llamamos a cada parte del cuerpo por su nombre, damos información acorde a su edad, mostramos una actitud positiva hacia la diversidad sexual, contestamos a sus dudas, o respetamos cuando no quieren dar un beso o un abrazo a alguien, estaremos siendo un gran factor de protección frente a conductas de riesgo y estaremos fomentando una vida afectiva-sexual sana en su vida adulta.

Rocío Paños, experta en prevención familiar

¿A partir de qué edad es conveniente empezar a hablar de sexualidad con nuestros hijos e hijas? 

No hay una edad mínima a la que debamos empezar a hablar sobre sexualidad. Somos seres sexuados y, como tal, desde el primer momento en que nacen nuestras hijas e hijos estamos transmitiendo y comunicando sobre sexualidad, tanto si somos conscientes de ello, como si no. Hablamos sobre sexualidad cuando enseñamos los nombres de los genitales a nuestra hija o hijo de 2 o 3 años, cuando leemos un cuento sobre no obligar a dar besos a nadie, cuando explicamos a nuestra hija o hijo de 5 años conceptos como privacidad o intimidad cuando le vemos tocándose sus genitales, cuando hablamos sobre respeto, consentimiento y relaciones amorosas con nuestra hija o hijo de 9 años, cuando contestamos a dudas sobre la imagen corporal de nuestra hija o hijo de 11 años o cuando hablamos sobre pornografía con nuestra hija o hijo de 12 años.

«El que suele estar accesible de manera gratuita es un tipo de pornografía violento, machista, que suele normalizar comportamientos degradantes para la mujer.»

¿Cómo se pueden preparar los padres y madres para responder preguntas sobre sexualidad? 

Lo más importante es mostrarse con buena disposición, accesible y natural. No se trata de que tengamos que tener un máster en sexualidad, sino de que seamos capaces de escuchar las inquietudes de nuestras hijas e hijos, y podamos responder con la máxima sinceridad, huyendo del sermón o de la típica “charla”, y hablando desde nuestros conocimientos, experiencias y sentimientos. Si no conocemos alguna respuesta, es preferible decirlo, no pasa nada. Lo más importante es que nuestras hijas e hijos vean que estamos disponibles y que pueden preguntarnos cualquier duda que tengan. 

¿Es importante que progenitores y centros educativos vayan en la misma dirección y se apoyen en la tarea de crear una educación afectivo-sexual sana? 

Lo ideal es que todos los agentes implicados en la educación de nuestras y nuestros menores vayan de la mano y se apoyen mutuamente, velando por su bienestar físico, mental y social. No podemos olvidar que una buena educación es un factor de protección de primer orden frente a conductas de riesgo como el acceso a la pornografía a edades muy tempranas, o los comportamientos sexuales de riesgo, por lo que deberíamos poner más esfuerzos en que la díada familia-escuela vaya en la misma dirección.

¿Cuáles son las principales claves para que tanto progenitores como educadores acompañen a los niños, niñas y adolescentes en la educación afectivo-sexual? 

Algunas de las claves para fomentar una educación afectivo-sexual sana son: ofrecer actitudes positivas acerca de la sexualidad; ser figuras de apego seguro; ser buenos modelos, mostrando respeto, tolerancia e igualdad en las relaciones de pareja; fomentar la comunicación, hablando sobre sexualidad de una manera positiva y practicando la escucha activa; respetar la intimidad y la privacidad; fomentar una autoestima sana; o promover el desarrollo del pensamiento crítico para que sean capaces de tomar sus propias decisiones. 

¿Qué papel tiene la visión de género en la educación afectivo-sexual? 

Todavía existen estereotipos o tópicos discriminatorios sobre roles, expectativas y rasgos que establecen normas desigualitarias para chicas y chicos. Por ejemplo, la mujer suele aparecer como un objeto de deseo masculino y no como un sujeto independiente deseante, y se suele potenciar el amor y el romanticismo. En cambio, en los hombres, se promueve un rol activo en las relaciones de pareja y/o en las relaciones eróticas, y se les considera como sujetos independientes deseantes. Es fundamental, por tanto, seguir caminando hacia la igualdad de género, ya que eso va a actuar como factor de protección y va a promover una educación afectivo-sexual más sana.

 ¿Por qué Fad ha decidido lanzar la campaña para prevenir y abordar el consumo de pornografía por parte de menores #PorNoEducar? 

La misión de Fad es fomentar el desarrollo personal y social de adolescentes y jóvenes a través de la educación en actitudes positivas y de la prevención de conductas de riesgo social entre las que se encuentra el consumo de drogas. Pero también existen otras conductas de riesgo en las que resulta necesario poner el foco. 

Desde Fad ya se han realizado campañas anteriormente sobre otras conductas de riesgo como, por ejemplo, el juego de apuestas en menores o el abuso de la tecnología. Es ahora, cuando numerosos estudios están mostrando información preocupante acerca del acceso a la pornografía a edades muy tempranas, que Fad ha decidido poner el foco en esta problemática para intentar hacer reflexionar a la sociedad en general, y a las familias en particular, sobre la enorme influencia que tienen en la educación afectivo-sexual de sus menores.  

«Practicar la escucha activa y el diálogo, respetar la intimidad y la privacidad, fomentar una autoestima sana o promover el desarrollo del pensamiento crítico, son algunas de las claves para fomentar una educación afectivo-sexual sana». 

¿Qué hacer si descubrimos o sospechamos que nuestro hijo ve porno?

Lo mejor que podemos hacer es buscar el momento adecuado y hablar con él o con ella desde la tranquilidad y la calma, intentando no emitir juicios de ningún tipo sobre su persona y no condenar el hecho en sí, ya que eso solo hará que se cierre en banda y no quiera contarnos nada. Debemos mostrar empatía, intentando comprender las razones que le han llevado a verlo, y mostrando una actitud de escucha abierta.

Puede ser un buen momento para hablar sobre la pornografía convencional, si no lo hemos hecho antes, explicando que el que suele estar accesible de manera gratuita es un tipo de porno violento, machista, que suele normalizar comportamientos degradantes para la mujer o de dominación – sumisión; no es algo real, es una actuación; se suele separar el sexo de las emociones, y no muestra cómo son las relaciones afectivo-sexuales reales. En una relación afectiva es fundamental el respeto y el consentimiento, y eso el porno no lo suele mostrar. Una comunicación abierta, empática y sin juicios es fundamental para que este descubrimiento o sospecha se convierta en algo positivo y educativo.

¿A partir de qué edad se está preparado para ver sexo explícito en pantalla?

No hay una edad concreta e igual para todas las personas en la que sepamos que ya están preparadas para ver sexo explícito, igual que no la hay para darles el primer móvil. 

Si queremos decir una edad, podría ser a partir de los 11 o 12 años, en la pubertad, pero va a depender de su madurez, de su personalidad, y de lo que hayamos trabajado previamente desde la familia. Si desde la primera infancia les hemos acompañado, hemos resuelto sus dudas, hemos hablado sobre sexo, afectividad, emociones, pornografía, etc., es más fácil que, cuando vean una escena de sexo explícito en la pantalla, estén en mayor disposición de entenderla y verla con ojos críticos. 

 

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