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*Esther Fernández

¡Felicidades, jóvenes! Hoy se celebra el Día Internacional de la Juventud y para festejarlo, hemos realizado este post. En el día de hoy queremos centrarnos en un asunto controvertido y sobre el que giran muchos prejuicios: los millennials

Mucho se oye hablar sobre los millennials y sus características. Sabemos que son una generación hiperconectada y hay quien les categoriza de «mimados», «acomodados» e incluso «maleducados». Pero, ¿es esto cierto? ¿nos hemos preguntado con qué problemas y en qué contexto han nacido y crecido?

Los millennials o Generación Y son aquellas personas que han nacido entre 1980 y 1993. Su contexto histórico corresponde a los inicios de un mundo globalizado en el que las nuevas tecnologías comenzaban a surgir.

La crisis económica también ha repercutido en la vida de los millennials, pues cronológicamente corresponde la crisis económica con el comienzo de sus vidas laborales, por lo que sus inicios profesionales se han visto negativamente marcados. Y no solo por la crisis: la evolución constante del universo digital también ha complicado su situación laboral y ha obligado a esta generación a adaptarse rápidamente a los nuevos cambios. Sin embargo, también se trata de una generación que ha crecido más concienciada con valores sociales importantes, como el ecologismo, la igualdad, la diversidad, la solidaridad y la importancia de los hábitos saludables.

Una generación esplendida… pero una mala situación

Según un reportaje de La Vanguardia, la principal característica de esta generación es la frustración, ¿por qué? Me gustaría rescatar una entrevista realizada en 2017 a Simon Sinek, escritor y experto en liderazgo en el programa americano Inside Quest. En ella, el experto destacó cuatro “piezas” que construyen dicha frustración.

1. La crianza.

Según este experto, se trata de una generación que se ha visto enfrascada en “estrategias fallidas de crianza”, en las que “algunos recibieron galardones, no porque se lo merecieran, sino porque sus padres se quejaron”. “Algunos recibieron medallas solo por participar, y eso devalúa el valor de la medalla y la recompensa de aquellos que trabajaron duro para conseguirlo”, afirma Sinek. “Esto hace que la persona que llegó la última se avergüence porque no la merecía y se sienta peor”.

Cuando esta generación se enfrenta al mundo real,  advierten que deberán trabajar duro para lograr un reconocimiento y que no siempre obtendrán lo que desean. Por ello, el Simon Sinek afirma que se trata de una generación con baja autoestima y desengañada en el momento en el que se enfrentan a la realidad. Sin embargo, insiste en que “ellos no tiene la culpa, simplemente les ha tocado nacer en una mala época”.

2. La tecnología.

El uso excesivo de las redes sociales ha causado que nuestra generación no haya aprendido a establecer relaciones profundas y duraderas con sus semejantes. “Algunos de ellos admiten que sus amistades son superficiales”, declara Sinek. Sencillamente, nadie les ha enseñado a crear lazos afectivos significativos con otras personas y  algunos, incluso, se han acostumbrado a crear amistades que no vayan más allá de la pura diversión en las que ni siquiera existe la molestia de conocer verdaderamente al otro.

Pero lo más grave que declara el entrevistado, es que “cuando sufran estrés, no acudirán a un amigo, sino a un aparato, a las redes sociales”. Y esto es lo más dramático de todo: corremos el riesgo (y nuestra generación más que otras) de esquivar nuestros problemas mediantes “fugas” (ya sean mediante las redes sociales, el alcohol, el juego…) que pueden llegar a convertirse en fuertes adicciones, y “toda adicción con el tiempo, destruye relaciones, costará tiempo, costará dinero y hará tu vida peor”, como dice Sinek.

Por lo tanto, nos encontramos ante una generación de jóvenes con baja autoestima e incapaz de lidiar con el estrés a la que no les han enseñado las herramientas para superar la ansiedad y ser más felices.

3. La impaciencia.

Nuestra generación se ha acostumbrado a contar con la libertad de ver su serie favorita sin tener que esperar al siguiente capítulo, o como dice Sinek “han crecido en un mundo de recompensas instantáneas: ¿quieres comprar algo? vas a Amazon y lo tienes al día siguiente”. 

Sin embargo, no existe instantaneidad ni en el éxito laborar ni en las relaciones personales. Ambos requieren tiempo y se construyen poco a poco. Nuestra generación no ha aprendido la paciencia: la paciencia que requiere el trabajo, la creación de una familia y el amor, en cualquier relación afectiva. La impaciencia genera frustración y de ella pueden surgir los numerosos problemas que sufren algunos millennials: depresión, ansiedad o aumento en el consumo de drogas son algunos de ellos. Sinek lo sintetiza: “en el mejor de los casos, tendremos una población entera yendo por la vida sin encontrar nunca la alegría”.

4. El ambiente.

El escritor destaca que los millennials “son jóvenes sorprendentes y fantásticos a los que les tocó una mala situación” y que, para colmo, se ven envueltos en “ambientes corporativos donde importan más los números que las personas”. Ambientes laborales con demasiados jefes, pero pocos líderes que sepan motivar adecuadamente a sus trabajadores. Un ambiente laboral frívolo dificulta que los jóvenes trabajadores estimulen su confianza y experimente el gusto por el trabajo.

“Tenemos que trabajar duro para reconstruir su confianza”

Trabajar duro no solo para reconstruir la confianza, también para “formarles en las habilidades que les faltan”. Las buenas relaciones  personales edifican la confianza y en esa línea, la  propuesta de Sinek es de lo más interesante: comenzar conformando relaciones con pequeñas interacciones. Preguntar a nuestro compañero de trabajo qué tal está su familia antes de una reunión (en vez de enfrascarnos en el móvil) o ayudarle con  un informe importante serían buenos ejemplos.

Pero ante todo, dejar de lado los teléfonos móviles y las redes sociales para centrarnos en el mundo que nos rodea. Porque como dice Sinek “en el mundo es donde surgen las ideas”, donde nacen las oportunidades, donde conocemos a las personas y donde viviremos lo mejores momentos de nuestra vida. Lo que nos muestra la pantalla son satisfacciones momentáneas que poco o nada nos aportarán a largo plazo.

¿Pensáis que realmente los millennials sufrimos estos problemas? Lo mejor es que cada uno se mire a sí mismo con humildad y sea sincero consigo, que analice en qué podemos mejorar cada uno de nosotros para demostrar a mundo que somos la mejor generación.

Una generación con la plasticidad para adaptarse a los cambios, una generación empática con los problemas sociales, una generación que emigra para buscarse la vida,  una generación de emprendedores, la generación más cualificada, en definitiva, una generación capaz de cambiar las cosas.

*Esther Fernández Castrillo trabaja en el Departamento de Comunicación de Fad. Es licenciada en  Periodismo por la Universidad de Valladolid y cuenta con un Máster en Análisis Político y otro en Gabinetes de Comunicación y Redes Sociales. Solo hay dos cosas que le apasiona más que la disciplina de la comunicación: la música y una buena conversación. En su tiempo libre le encanta tocar la guitarra y salir a pasear.

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