Hablamos con expertos en adicciones para alertar sobre un negocio que ha provocado que el porcentaje de adolescentes adictos triplique al de la población en general

“Las empresas son las que diseñan los juegos y los cocientes para obtener beneficios a costa de las pérdidas de los jugadores”

Piden “desafiar las distorsiones cognitivas generadas por la publicidad y el marketing como gancho que genera la adicción y también la mantiene”

El azar es atractivo por sí mismo. Responde al riesgo, tiene morbo. Y combinado con el juego puede resultar muy apasionante, por aquello de que siempre podemos confiar en nuestra buena suerte. El problema es cuando pensamos que podemos entenderlo y controlarlo cuando no es así, cuando simplemente estamos en manos de empresas que mercadean con ello y que nos dan una falsa sensación de control y poder. Las apuestas online se han convertido en una droga como cualquier otra porque los efectos de su adicción son similares y porque han encontrado entre adolescentes y jóvenes su principal fuente de ingresos. Administraciones públicas, investigadores, fundaciones y expertos ya llevan tiempo alertando de sus consecuencias y comienzan a perfilarse regulaciones legales. Pero de momento, las cifras siguen siendo alarmantes: el porcentaje de adolescentes menores de edad que tiene un problema de adicción al juego triplica al de la población general.

Celia Prat, jefa del Equipo de Formación y Eventos en la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (Fad), coordina y diseña proyectos de prevención de riesgos psicosociales.  Recientemente ha publicado sus reflexiones a este respecto, donde destaca que estas apuestas ya están consideradas como un trastorno adictivo en la misma categoría que el consumo de sustancias y que incluso algunos autores lo sitúan como un problema de salud pública que solo puede afrontarse desde la prevención.

La importancia de este fenómeno se ha cristalizado también a nivel mediático. Recientemente una casa de apuestas online tuvo que modificar una campaña de publicidad porque el órgano regulador consideró que era excesivamente agresiva e incitadora. Muchas de estas empresas son también patrocinadoras de equipos de fútbol de primera división, con una gran visibilidad entre jóvenes. Pero esto que no ha impedido que desde este ámbito se haya abierto el debate. Dani Giménez, portero del Deportivo de La Coruña hacía pública esta reflexión hace apenas unos días:

En la Universidad de Valencia existe una de las unidades de investigación que más está ahondando en este fenómeno: «Juegos y adicciones tecnológicas». Hemos hablado con los profesores y psicólogos Mariano Chóliz y Marta Marcos, que forman parte de este equipo, para obtener una visión global del problema. Chóliz, Catedrático de Psicología, detalla el dato más alarmante: el que desvela que el porcentaje de adolescentes menores de edad que tiene un problema de adicción al juego triplica al de la población general, según datos del Programa Ludens desarrollado en esta institución académica.

Sucede que los juegos que tienen una “especial aceptación” por parte de los y las jóvenes y adolescentes son los más adictivos y entre estos se encuentras los juegos online y principalmente las apuestas. Y más significativo es aún el hecho de que cuando los adolescentes adquieren la mayoría de edad, esa prevalencia se duplica “debido a que ya no tienen restricción alguna” para apostar. Pueden hacerlo desde sus móviles y ordenadores como desde las más de 6.000 salas de apuestas y salones que actualmente hay en España. La proliferación ha llegado tan lejos que en algunos bares hay máquinas de apuestas al lado de las tragaperras. El experto lo considera una “aberración” desde el punto de vista sociosanitario.

Este es un contexto general, de cifras. Pero lo importante es identificar cuándo estamos hablando de adicción. La psicóloga Marta Marcos subraya que en el caso del juego de azar, la aparición del trastorno suele ser gradual pero su resultado, una vez que ha perdido el control, es evidente: “Arrasa con la vida del jugador y sus familias”. “La adicción se consolida cuando la conducta de juego ya no se lleva a cabo por mero entretenimiento, sino que el jugador ha de volver a jugar para superar el malestar que le produce la privación. El juego pasa a tomar las riendas de su vida y deja de tener interés por el resto de actividades”, explica la experta.

A la hora de afrontarlo, Marta Marcos apunta directamente hacia la responsabilidad de administraciones, publicidad y redes sociales. Habla así de la necesidad de fomentar el análisis crítico de la publicidad proporcionando información veraz. Según destaca, el principal problema en los y las jóvenes es que entienden las apuestas “como una forma de ganar dinero rápido, pues la publicidad les transmite la percepción falsa de que ganar es cuestión de estrategia y habilidad y no de azar”. Pero no es así. “Hay que explicar que el juego de azar es un negocio, pero un negocio para las empresas que son las que diseñan los juegos y los cocientes de apuestas para obtener beneficios a costa de las pérdidas de los jugadores. Hay que desafiar las distorsiones cognitivas generadas por la publicidad y el marketing como gancho que genera la adicción y también la mantiene”.

La información esencial sería, por tanto, dejar claro que en el azar, todo escapa al control del jugador “por muy mal que le pese” y desde ese punto de vista el mensaje es claro: “La mejor apuesta es no apostar”. Evidentemente no basta con decirlo. Los adictos deben reconocer por sí mismos que no es una forma de ganar dinero ni de escapar de los problemas, solamente se basa en “valores de consumismo” y en hacer creer falsamente al jugador que tiene cualidades de ganador.

Contra estas falsas premisa está luchando ya la Fad, dentro de un proyecto en el que también han colaborado Chóliz y Marcos: la campaña “No es un juego” para obtener apoyos de cara a la prevención.  Esta fundación se basa en el hecho de que la vía online sigue creciendo ya que ofrece gran accesibilidad y un gran potencial adictivo. Según precisa, el 13,5% de la población española reconoce haber tenido su primera experiencia con los juegos de azar antes de los 18 años de edad, cifra que se incrementa hasta el 23% entre las personas con problemas o patologías.

Otro ejemplo es el trabajo es el que desarrolla la Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata (APAL) en Madrid. Desde hace más de una década ofrece un servicio integral a todos los jugadores y familiares que deseen rehabilitarse de la adicción al juego, y lo hace mediante terapias personalizadas que abordan la problemática en todas sus áreas: grupos de autoayuda, atención psicológica, terapia para familiares y talleres de habilidades sociales, relaciones de pareja o de voluntariado.

También las administraciones públicas están empezando a tomar medidas, pero ¿es suficiente? ¿Cuáles son los actores que deben implicarse? Mariano Chóliz opina que debe hacerlo desde el sistema educativo hasta el sociosanitario, pasando por organizaciones ciudadanas. Pero sin lugar a dudas hay dos agentes que tienen especial relevancia. En primer lugar, las empresas del sector, puesto que la actividad comercial que llevan a cabo es la principal causa de la ludopatía. “Se puede asegurar que la actividad económica que llevan a cabo es un producto tóxico y perjudicial para la salud y por ello deberían estar especialmente sensibilizados para no promover un consumo no excesivo, lo cual en las condiciones actuales es impensable que hagan”.

Y en segundo lugar, las administraciones son quienes deber “regular o prohibir” la publicidad, la concesión (o no) de las licencias para operar, establecer las condiciones apropiadas para minimizar el riesgo que tiene el juego, promover programas de prevención, establecer una red de asistencia terapéutica y “no dejarla en manos de asociaciones de autoayuda, que aunque tienen un papel fundamental en el apoyo a las personas afectadas por el juego, no son especialistas sanitarios”. Porque desde esta unidad de investigación apuestan por programas de prevención “validados científicamente” y por tratar a las personas afectadas a través de un sistema sociosanitario “acorde con la sociedad moderna y tecnológicamente avanzada que tenemos la suerte de vivir”.

Finalmente, estos expertos inciden en diferenciar entre adicciones comportamentales provocadas por un uso disfuncional de videojuegos, móvil y redes sociales, y las generadas por los juegos de azar. “Se trata de problemas con características diferentes y como tal, deben ser abordados de una forma distinta”, apunta Marta Marcos. “Las tecnologías forman parte de la vida y no es un objetivo de la prevención que dejen de usarse, sino todo lo contrario: se debe potenciar un uso saludable que fomente la parte positiva de las mismas en la vida del usuario, protegiendo del desarrollo de problemas de adicción”.

Pero en el caso de las apuestas online, “no encontramos ni una sola característica positiva para la vida del jugador, de hecho, ni siquiera es una actividad empresarial que genere un valor añadido en la sociedad”. “A nuestro entender, la prevención no debe ir enfocada a un juego controlado pues una vez que el jugador tiene problemas, de nada sirven las pautas de juego responsable”.