Ha vuelto a pasar: ninguno de los partidos políticos ha sabido marcar una agenda comprometida con los y las jóvenes

Aunque el voto joven de nuevo ha marcado la participación, el debate político en torno a la polarización en dos bloques políticos no ha contribuido a hacerles más partícipes

Se consolidan así los datos sociológicos que marcan la “desafección juvenil” con la política, las instituciones públicas y su propio futuro

A las 8.00 horas del 28 de abril, un joven de 24 años ha sido convocado para ser presidente de una mesa electoral. Se presenta diez minutos antes para cumplir con su deber, y le confirman como máximo representante de su pequeño núcleo democrático de votantes. Lo hace con resignación, “sin ganas”, y aunque afirma que ejercerá también su voto, agrega: “Si total, seguirán sin acordarse de nosotros. Siempre frustrados, siempre olvidados”. Es solo un testimonio pero es todo un símbolo de una queja global que ningún partido político español es capaz de solucionar.

Los y las jóvenes no quieren saber nada de política, o quieren saber muy poco, que es prácticamente lo mismo. Y no es por pasotismo o indiferencia. Es porque nada quieren ofrecer a quienes no les ofrecen nada. Han pasado unas nuevas elecciones generales en España, y la juventud sigue sin ser la protagonista. Apenas aparecen en los mítines, salvo como pantalla trasera de las fotografías de campaña electoral, el trabajo precario continúa a la orden del día y su emancipación es una misión imposible, o posible solo a base de sacrificios que les impiden una vida digna.

Tras el 28A, con los datos de algunos expertos en la mano, y en base a las encuestas preelectorales, puede constatarse que la participación juvenil en estos comicios ha subido considerablemente. El CIS ya reflejaba este aumento en torno al 15%. Las llamadas a las urnas han surtido su efecto, sobre todo desde el bloque progresista, pero esto no desdibuja lo anterior. Una tendencia marcada en estudios como el último Barómetro general 2017 de ProyectoScopio, donde los jóvenes apenas mencionan la participación política entre sus intereses (solo un 5,6%). Les preocupa la igualdad entre hombres y mujeres (hasta un 53,4%), la lucha contra las injusticias (35%), la defensa de los animales (34,6%) y el apoyo a las personas más vulnerables (27%).

Pero sus preocupaciones no encuentran acomodo en las instituciones. Por ejemplo, casi el 40%, según este mismo estudio, dice no confiar en ninguna institución, y de hecho, son los partidos políticos el colectivo en el que menos confían. La consecuencia directa es que su pertenencia y participación en diferentes formas de asociacionismo es baja, y prefieren organizaciones deportivas, culturales, de ocio o de voluntariado. Espacios propios donde sienten que sus acciones sí repercuten en algo.

Lo curioso es que no por todo ello reniegan de su oportunidad de ejercer el voto. Para el 47,5% de jóvenes la forma de participación más útil es votar cuando hay elecciones y además es en la que más se implicaría. Ahí se refleja su intención, pero no sus expectativas. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en las elecciones generales de 2016 participó el 73,5% de jóvenes de 18-29 años. Es un porcentaje muy alto que, según los primeros análisis, ha aumentado en el 28A, pero no por una agenda juvenil política, sino por una movilización social general que ha provocado su correspondiente ‘efecto contagio’.

En el estudio ‘Política e Internet. Una lectura desde los jóvenes (y desde la red)’ también se constata que, pese a las críticas y al distanciamiento de las formas más institucionalizadas de la política, la convicción de que hay que votar sigue eminentemente enraizada en el colectivo de jóvenes. La utilidad de votar cuando hay elecciones sigue siendo la opción que se presupone más útil de entre toda una batería de posibles conductas. Con una media de 6,95 (en la escala 0-10), el voto se percibe más necesario y útil que pertenecer a asociaciones cívicas o reivindicativas (6,18), que firmar peticiones (5,89) o participar en huelgas (5,81) o manifestaciones (5,77).  La pregunta entonces es: ¿por qué no son protagonistas en el proceso previo?

Otros organismos también tienen su vista puesta en estos problemas. ‘The Millenial Dialogue’ es la herramienta de encuesta internacional desagregada por países puesta en marcha por la Fundación Europea de Estudios Progresistas para generar “una mejor comprensión de las prioridades y valores de los millennials”. Según sus datos más actualizados, en España solo un 16% de los jóvenes se muestra algo interesado en la actividad política. Y al establecerse un ranking de importancia de determinadas cuestiones, la política ocupa el puesto número 17. Hay un dato que lo refleja con mayor claridad: un 47% siente que su generación está menos interesada que la de sus padres o incluso que la de sus abuelos.

Esta situación no viene de la nada. En el epílogo del ‘Índice Sintético de Desarrollo Juvenil Comparado (2009-2017)’, el sociólogo Pau Vicent Mari-Klose analiza cómo la agenda política ha abordado los temas de juventud en los “tiempos convulsos de la gran recesión”. Al analizar el inicio de la crisis económica, apunta que entre los jóvenes se generalizó la sensación de que “sus expectativas no se iban a cumplir”. “El desempleo y la precariedad se extendieron, también la pobreza juvenil y, con ello, el desaliento y la frustración. De repente, ya no estábamos ante jóvenes llamados a esperar pacientemente a que les llegase su turno de ocupar las posiciones socio-laborales más atractivas, reservadas en un mercado laboral dualizado a personas con mayor experiencia,  o a comprar su vivienda a crédito”.

Para este experto, en el escenario inaugurado por la crisis, la sociedad comenzó a cristalizar a “jóvenes adultos” que veían frustradas sus expectativas. Así, quienes entraron en el mercado de trabajo o cambiaron de empleo vieron también como sus salarios se desplomaban, provocando todo ello un “empobrecimiento general” de los jóvenes, de magnitud superior al que tiene lugar en otros grupos de edad. En consonancia con estas tendencias, las tasas de emancipación empiezan a caer a partir de 2011 y un número creciente de jóvenes experimenta dificultades para acceder a la vivienda “sin que desde las administraciones públicas se arbitre ningún tipo de medida para dar respuesta a esa problemática”.

La juventud «cotiza bajo»

La emigración, el “exilio económico” y la desafección fueron casi irremediables después, pese al 15M y a una mayor movilización social, con proyectos a nivel europeo como la Garantía Juvenil que han resultado ser ineficaces, ni siquiera conocidas entre sus potenciales beneficiarios.  Mari-Klose añade que después de la crisis (y ante la sombra de una nueva recesión), hay un nuevo sistema de partidos y nuevos baremos para juzgar la política. “Los jóvenes han contribuido decisivamente a traerlos”, pero mientras la propia “cotiza más alto que nunca”, el valor de la juventud para ganar protagonismo “sigue, salvo excepciones, cotizando más bien bajo”.

Pero algo sigue moviéndose pese al ostracismo. A la multitud de iniciativas locales que los jóvenes siguen realizando desde sus  pequeños ámbitos de influencia, se suman otras tantas que abren cauces para la participación y luchan contra la desafección política. Se da la circunstancia que del 29 de abril al 5 de mayo se celebra la novena edición de la Semana Europea de la Juventud. Es una ocasión para presentar  las oportunidades que ofrece la Unión Europea a las generaciones más jóvenes y discutir los temas más relevantes desde su punto de vista. En su edición de 2019, el objetivo es promover la implicación de los jóvenes en la sociedad y el tema elegido para la Semana Europea de la Juventud 2019 es “La democracia y yo”, centrado en las elecciones europeas del próxhimo 26 de mayo.

Es cierto que también hay algunas cifras optimistas, que ofrecen algo de contraste con las mencionadas: el Instituto de la Juventud de España,  en su encuesta ‘Jóvenes, Participación y Cultura Política’ del año 2017 pone de manifiesto que la política es cada vez más un tema de conversación entre los jóvenes y sus familias (63%), amistades (50%) y compañeros de trabajo o estudios (40%). Sí coincide en el hecho de que las instituciones políticas son las que menos confianza generan entre la gente joven y los problemas relacionados con el empleo y la economía son los que más preocupan a los jóvenes en España. Quizás ha llegado la hora de darles voz, de que un joven presidente de una mesa electoral sienta la importancia de su papel en su propio futuro.