Autor: Gema Calderón Aguado
20 diciembre, 2019

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A finales de noviembre, gracias a la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid, pudimos contar en la Fad con la presencia de la psicóloga clínica Amaya Prado, para que nos iluminara un poco más sobre cómo se relacionan nuestros hij@s adolescentes.

Lo primero que tenemos que preguntarnos para llegar a buen puerto en este apasionante mundo de la adolescencia es: ¿Les entendemos? ¿Entendemos sus comportamientos? Pero igual de importante que esto es pararnos a pensar si ellos nos entienden a nosotros, porque creo que esto es fundamental para, en ciertas ocasiones, frenar en seco y tener algo más de paciencia. Hay que saber que no va a ser tarea fácil, pero ni para ellos ni para nosotros. También sirve recordar cuando nosotros pasamos por esta etapa y lo incomprendidos que pudimos sentirnos en algunos momentos…

A todas las personas que leáis esta pequeña entrada os pediría que, al finalizar la lectura, cerréis los ojos y dediquéis un minuto, no es necesario más, a trata de conectar con el adolescente que fuisteis, recordar cómo os sentíais, cómo os comportabais, qué cosas os preocupaban y cuánto habéis podido llegar a discutir con vuestros padres y vuestras madres…. Después de este pequeño ejercicio, seguramente, podáis comprobar que no es del todo cierto que la adolescencia de hoy en día no se parece en nada a cuando nosotros la vivimos, lo que sí es muy diferente es el contexto social que nos ha tocado vivir a unos y a otros pero los comportamientos que tuvimos no difieren prácticamente en nada de los de los adolescentes actuales: piensan que lo saben todo, son rebeldes, discuten con sus padres y su grupo de amigos es lo más importante que hay…

Tras conocer estas pequeñas pistas de las que nos hizo tomar conciencia Amaya Prado, ahora lo que toca, como adultos, es saber que esta etapa pasa igual que han pasado muchas otras y que tenemos que mantenernos cerca para cuando nos necesiten, con nuestro «diccionario especial» para comprender, empatizar y traducir (porque muchas veces lo que nos dicen no es lo que necesitan y esta es la tarea más complicada).

También es bueno recordar que en toda esta etapa de la vida es muy positivo que cuenten con un buen grupo de iguales con el que compartir y con quien estar, ya que esto les va ayudar en su desarrollo social y personal. Respecto a esto, nosotras y nosotros lo que debemos hacer es implicarnos con ellas y ellos, conocerles y ayudarles a resolver determinados conflictos para los que todavía no están lo suficientemente preparadas ni preparados porque no han llegado a su madurez plena.

Gracias, Amaya, por ayudarnos a recordarlo.

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