Autor: Arancha Sanz
2 junio, 2020

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Iba a empezar este post parafraseando a Gabriel García Márquez con el titular “El amor en tiempos de coronavirus” pero he preferido resaltar lo que más importa de este artículo: los besos y abrazos que no hemos podido dar este finde de semana a causa de la distancia de seguridad. ¿Tú también te has sentido raro o incómoda al saludar a tu mejor amigo detrás de una mascarilla quirúrgica? ¿O eres de los que, antes de sentarte en una terracita, ha medido mentalmente si entre mesa y mesa había dos metros de separación? Te diré una cosa, aunque parezcan contradictorias, ambas reacciones son TOTALMENTE lógicas en estos momentos de desescalada y “nueva normalidad” que estamos viviendo.

El miedo al contagio se entremezcla con las ganas que tenemos de achuchar a amigos, compañeras, padres, madres… Son muchos sentimientos encontrados y reprimidos durante el confinamiento y, poco a poco, tenemos que aprender a gestionarlos. Si me ves por alguno de tus pensamientos, abrázame, que te extraño, habría dicho Cortázar si hubiera experimentado el aislamiento de esta cuarentena.

El pasado fin de semana fue el primero en el que en toda España se permitieron las reuniones de 10-15 personas. Las calles se llenaron de risas, voces, reencuentros y bullicio, pero no fue en absoluto un fin de semana convencional de finales de mayo. Además de la algarabía de la gente recuperando sus adorados bares, cafeterías y restaurantes, se percibían miradas inseguras, grupos apartándose de otros grupos, cuerpos dubitativos que contenían el deseo de abrazar y besar a las personas a las que hacía más de dos meses que no veían.

¿Cómo manifestar el cariño si no puedes tocarte? Quedan las buenas conversaciones y las palabras de afecto, claro, pero, ¿qué pasa con las sonrisas cuando la mascarilla nos tapa la boca y parte de la cara? ¿Perderemos la expresividad? ¡Nunca! Aprendamos a sonreír con los ojos, inventemos nuevas formas de demostrar cariño a nuestros seres queridos, adaptémonos, pues, a esta “nueva normalidad” con tintes de peli de ciencia ficción distópica.

A este respecto, la psicóloga Isabel Rojas Estapé, con la que nuestras compañeras de En Familia Fad tuvieron ocasión de charlar en un webinar que tuvo lugar hace unas semanas, nos da estos consejos tranquilizadores:

Isabel tiene razón, de esta crisis pandémica hemos interiorizado muchas lecciones de vida y hemos descubierto que, como dice el también psicólogo Tomás Navarro, “eres más fuerte de lo que crees”. Entre las enseñanzas más valiosas, destacaría la solidaridad con las personas más vulnerables, la forma en la que los comportamientos individuales han definido la realidad global, y el compromiso social de todas las personas, especialmente las más jóvenes. También, como resalta Isabel, hemos aprendido lo importante que es tocarnos y abrazarnos a la hora de expresar nuestros sentimientos. Irónicamente, hemos llegado a esta conclusión justo cuando no podíamos llevar a cabo estas muestras de cariño, pero a veces las cosas son así.

Durante el confinamiento no nos ha faltado imaginación a la hora de buscar formas de relacionarnos en la distancia. Una vez más, hemos contado con las nuevas tecnologías como aliadas. ¿Quién no ha sido convocada a un cumpleaños virtual a través de Google Meet? ¿Quién no ha asistido a un aperitivo de domingo en Zoom? Hasta hemos utilizado Whatsapp para comentar el capítulo de Netflix que veíamos simultáneamente, cada uno desde su casa y con sus propias palomitas. Ingenio nunca nos falta (qué siempre sea así y que Internet nos siga ofreciendo todas sus posibilidades para aterrizar nuestras ideas más innovadoras).

En este sentido, dice eldiario.es en este artículo que algunas plataformas de citas online han visto incrementado el número de interacciones, crushes, matches y otros tanto anglicismos, durante el confinamiento. Después de compartir sentimientos con la protección y el anonimato que las pantallas y las cuatro paredes de casa ofrecen, ahora llega el momento de encontrarse cara a cara. Me imagino esas primeras conversaciones postpandemia con preguntas como ¿Eres de mascarilla quirúrgica o de FFP2? o ¿No te pareció súper simpático cuando al (gran) doctor Simón se le atragantó la almendra en plena comparecencia?

Reflexiones casamenteras aparte, no cabe duda de que el confinamiento ha sido más llevadero porque las plataformas digitales nos han hecho sentir unidos a pesar de la distancia y yo les doy las gracias por ello, pero también me pregunto si las cosas han cambiado para siempre. Al igual que el auge de las redes sociales revolucionó en su momento la forma de relacionarse, especialmente a los y las más jóvenes, es posible que estemos a punto de vivir otro punto de giro a raíz de las quedadas virtuales que recién acabamos de descubrir.

Aunque a veces me gusta cerrar los ojos y pensar que, dentro de unos años, compartiré acera con un replicante a lo Rutger Hauer cuando salga a pasear, no hay ninguna videollamada que me haga disfrutar de la gente como solo puedo hacerlo en un encuentro presencial: con los cinco sentidos.

Poco a poco, y siempre cumpliendo con las medidas de seguridad establecidas por el Ministerio de Sanidad, podremos conseguirlo.

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