“Disfruto con la tristeza y con la melancolía, pero no con la pena. Cuando la tristeza se acerca a la pena es muy jodida, no mola”. La cita es de Pau Donés, vocalista de Jarabe de Palo, quien me ha hecho llorar la pena muchas veces con su canción “Duerme conmigo”. Y le doy mil vueltas a este tema, a cuándo la tristeza se convierte en pena, a cuándo la melancolía se vuelve disfuncional y nos lleva a pensar en lo peor.

Pero yo no he venido aquí a hablar de Pau Donés (gracias, Pau, por todo lo que nos sigues dando desde tu arte y tu experiencia. Y ya te dejo en paz). He venido a hablar de esta cifra: 1 de cada 4 jóvenes ha experimentado ideas de suicidio. El dato lo encontramos en el monográfico “Salud y estilos de vida de jóvenes y adolescentes” del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de Fad. Se trata de un estudio que, entre otras variables relacionadas con el bienestar juvenil, analiza los perfiles en los que aparecen más frecuentemente estas ideas de suicidio, con el objetivo de prevenir. “Es cierto que estas ideas no se materializan en la mayoría de los casos pero también lo es que resulta raro que un suicidio no haya ido precedido por el deseo de llevarlo a la práctica”, nos dicen los autores de la investigación.

En España, según el ProyectoScopio, la tasa de suicidios en la población joven ha ido disminuyendo desde 2009. En aquel año, se registraron 4,29 casos por cada 100.000 individuos de entre 15 y 29 años. Las últimas cifras disponibles hablan de 3,51 por cada 100.000. A pesar de estas buenas noticias, sigue siendo necesario formar e informar sobre esta problemática, como recomendó la ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social en funciones, María Luisa Carcedo, en el acto de conmemoración del Día Mundial de la Salud Mental 2019. Este año, la Confederación Salud Mental España ha querido centrarse en la prevención del suicidio y ha promovido el lema “Conect@ con la vida”.

Volviendo a ese uno de cada cuatro jóvenes que ha pensado en «desconectarse» de la vida, parafraseando el lema propuesto, sabemos por los resultados del estudio “Salud y estilos de vida de jóvenes y adolescentes” que esta idea se correlaciona con otros indicadores de (falta de) salud. Hay más chicos y chicas jóvenes con ideación suicida y ésta es más frecuente cuando existe también una percepción de estar enfermo, cuando hay presencia de enfermedades crónicas, cuando se produce automedicación, cuando hay mayor utilización de productos sanitarios, cuando hay situaciones de incertidumbre frente al futuro y cuando existen trastornos de salud mental diagnosticados (depresión, TOC, anorexia…). Todas estas circunstancias pueden generar un sufrimiento insoportable en quien las vive y es por eso que para ayudar a reconectar con la vida hay que atender a cada una de ellas.

Y en cada caso particular, si es que te preocupa la pena de una persona en concreto de tu entorno, hay que escuchar, hay que mirar de frente, hay que empatizar y hay, sobre todo, que NO JUZGAR. También está bien que sepamos que existen recursos a disposición de todos y todas como el Teléfono de la Esperanza: 717 003 717; o el teléfono en contra del suicidio de la asociación La Barandilla, atendido por profesionales de la salud mental: 910 380 600. Se trata de servicios de iniciativa privada que hacen una función social indispensable, pero nos queremos sumar a la reivindicación de la puesta en marcha a nivel estatal de un teléfono gratuito, similar al 016 en violencia de género, y gestionado por las autoridades públicas competentes. Que ese 1 de cada 4 se convierta en un 0 de cada 4 nos incumbe a todos y a todas, estemos atentos.