Irremediablemente están ahí. Antes o después nuestros hijos descubrirán que en nuestra sociedad existen las drogas. Informarles de los pros y contras de las drogas para que sean conscientes de los efectos negativos es la estrategia por excelencia. Pero, no la única. ¿Cómo pasar de las declaraciones de buenas intenciones a los hechos para evitar el consumo de drogas?

«No hay una fórmula única». Lo asegura Francisco Saborido, jefe del equipo de Familias de la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción). Cada niño tiene una situación, personalidad, mentalidad, familia y entorno distinto. La comunicación entre padres e hijos juega es esencial. En primer lugar destaca que los padres no deben minimizar, pero tampoco dramatizar sobre las drogas.

El mejor momento para hablar es cuando estén contentos y habladores

Hay que sentar unos buenos cimientos de comunicación en la infancia para fortalecer la personalidad de los hijos porque en la adolescencia la comunicación se reduce y es más difícil tratar estos temas. Pero una vez que llega el momento, ¿cómo hablarles de las drogas? Antes de nada, los padres deben estar informados del tema; no se puede hablar de lo que no se conoce.

La forma de iniciar la conversación sobre drogas debe ser natural, nada forzada. No basta con soltarles una larga charla o un folleto. Un buen momento es cuando se les vea contentos y habladores, y contarles una noticia o anécdota relacionada y preguntarles qué les parece. Si se percibe que no quiere hablar, no insistir. Ya habrá otro momento mejor.

Otro planteamiento distinto es cuando existe sospecha de consumo porque huele mucho a tabaco, llega con síntomas de haber bebido… En estos casos hay que estar alerta, pero hay que tener cuidado de no confundir estas señales con las propias de la edad adolescente. También hay que tener en cuenta que una cosa es haber consumido una vez, y otra bien distinta ser adicto. En este caso hay que dirigirse a ellos con control emocional y no hablarles si están bajo los efectos de las drogas, algo que se suele hacer y no sirve para nada. Da mejores resultados mostrar la preocupación al día siguiente y en tono positivo. Hablar a gritos conlleva a un mayor alejamiento de los adolescentes. Lo ideal es buscar soluciones conjuntas. Si no hay acuerdo, se deberán poner límites: que estudie más y salga menos, reducir la paga… «No es fácil, pero es la forma», apostilla Saborido.

Tampoco hay que negar la evidencia. Hay padres que al buscar a sus hijos al hospital por un coma etílico siguen convencidos de que le ha sentado mal alguna comida. Si hay una realidad, no debe negarse. Hay que hablar con el médico para saber si es posible que nuestro hijo beba o se drogue habitualmente. Los padres tendrán que poner límites y acudir a especialistas que les guien con el caso particular de su hijo.

Muchos jóvenes aseguran «yo controlo», pero, ¡cuidado! del abuso se pasa fácilmente a la dependencia.