•    Una amplia mayoría (71% de los jóvenes españoles de 18-24 años) considera prácticamente imposible encontrar un trabajo en los próximos doce meses. Y aquellos que ya trabajan, o creen que en el próximo año podrán hacerlo, sienten que su empleo no les permite o va a permitir ser independientes.
•    El estudio analiza, entre otras cosas, cómo los jóvenes españoles (18-24 años) viven la aparente ruptura del “contrato social”.
•    La investigación ha sido elaborada por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, un centro privado e independiente creado por la FAD gracias al apoyo de Banco Santander y Telefónica.

(Madrid, 22 de julio de 2014).- Más del 70% de los jóvenes considera que su empleo actual o el último que tuvo guarda o guardaba nula o poca relación con su capacitación, frente al 13% y 12,6% que cree, respectivamente, que dicho trabajo y su formación estaban muy o bastante ajustados. De manera general los datos del estudio “Crisis y contrato social. Los jóvenes en la sociedad del futuro” -elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, un centro privado e independiente creado por la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción) gracias al apoyo de Banco Santander y Telefónica- muestran claramente una tajante fractura entre la capacitación y el acceso a puestos de trabajo razonablemente acordes a ella.

El estudio, basado en 1.000 entrevistas realizadas a jóvenes de 18 a 24 años y ocho grupos de discusión, analiza cómo viven los jóvenes españoles la aparente ruptura del “contrato social”, compromiso implícito entre los jóvenes y la sociedad que estipula que a cambio de un esfuerzo inicial, normalmente de carácter formativo, se garantiza la integración futura (social, laboral, ciudadana) de esos jóvenes. Y, por otra parte, cómo repercute esta situación en diferentes ámbitos en la vida de los jóvenes: Desempleo, dificultades para la emancipación, inseguridad y confusión, entre otros.

Según la investigación, la trayectoria laboral es muy variopinta entre los jóvenes que, estando trabajando o en paro en la actualidad, han trabajado antes. De entrada, casi el 60% ha tenido más de dos trabajos y algo más del 20% ha pasado por cuatro o más de cuatro experiencias laborales. Fundamentalmente los trabajos desempeñados eran de carácter temporal (casi el 57% de los casos), a jornada completa (32%) o parcial (24%), y una parte importante del colectivo trabajó sin contrato (17%).

En cuanto a la expectativa de mantenimiento del empleo actual, entre quienes lo tienen, es poco optimista. No llega a la mitad de los jóvenes empleados (el 48%) quienes creen poco o nada probable perder su puesto de trabajo en el plazo de un año. El 37% da casi por hecho que lo perderá y un 14% no está seguro. Sin embargo, incluso los empleos que tienen mejores condiciones relativas (al menos en términos contractuales) no hacen que los jóvenes mejor posicionados socialmente sientan que su trabajo les pueda permitir ser independientes por encima del resto del colectivo.

La vivencia de la mayoría de los jóvenes que trabajan es que no sienten que su empleo les permita ser independientes. Sólo un 36,5% del conjunto considera lo contrario. Aunque por sexo no hay diferencias, sí que es mayor la valoración del trabajo actual como fuente de independencia cuanto mayor es la edad. En todo caso, incluso a los 23 y 24 años sigue siendo una mayoría (53% frente a 47%) el porcentaje de jóvenes que no considera que su empleo actual le facilite o permita la independencia.

Por otra parte, la sensación de poder ser independiente con el trabajo actual es superior entre los jóvenes con menor nivel de estudios, seguidos de quienes tienen estudios profesionales; también es superior entre quienes sólo trabajan frente a quienes compaginan el estudio con el trabajo.

Para seguir completando el panorama, fijándonos en quienes se encuentran en situación de búsqueda de empleo, encontramos que la confianza en encontrar un trabajo en el plazo de un año es bajísima. Sólo el 19% cree que lo conseguirá (y sólo el 2,7% con total confianza); frente a ellos, el 71% lo considera prácticamente imposible y el 10% no sabe posicionarse al respecto.

En la valoración de la experiencia vital hasta el momento, encontramos a un 53% de los y las jóvenes que considera que sus expectativas no se han cumplido y que su situación actual es peor de lo que esperaba. Enfrente se encuentra un 8% para quienes la realidad en que se encuentran es mejor de lo que hubieran esperado, y un 37% que considera ajustadas sus expectativas y su realidad.

Otra faceta de los problemas que se prevén para los próximos dos o tres años se expresa en las altas puntuaciones medias que (en una escala 1-10) alcanzan las respuestas (tabla 6.3), cuando se interroga sobre la dificultad para encontrar o mantener un trabajo que satisfaga (cosa que considera muy difícil casi el 62% del colectivo), conseguir una vivienda, propia o alquilada (59%), encontrar o mantener cualquier trabajo (50%), ser autosuficiente en términos económicos (52%) o formar un hogar propio (49%).

SATISFACCIÓN Y ESTADOS DE ÁNIMO DE LOS JÓVENES

El nivel de satisfacción vital declarado expresamente suele ser alto. La jerarquía de satisfacción está encabezada por los amigos y la familia y en cuyo extremo inferior se encuentran, en el momento actual, los aspectos económicos y laborales, que apenas superan el aprobado o incluso se quedan por debajo Entre ambos extremos se jerarquizan la independencia, la libertad de que se dispone, el tiempo libre, el nivel de formación, las relaciones de pareja, los bienes materiales con que se cuenta  o las perspectivas de futuro.

De entrada, no parece haber grandes diferencias entre la jerarquía actual y futura de los estados de ánimo. Encontramos que algo más del 50% de los jóvenes de 18 a 24 años se sienten preocupados en el momento actual (más o menos la misma proporción que quienes consideran que lo estarán en el futuro). Siendo la preocupación el principal estado de ánimo. Encontramos porcentajes relevantes que, siguiendo el orden marcado por el porcentaje de quienes señalan cada uno, dicen sentirse inseguros (36%), motivados (27%), alegres (27%), estresados (24%), desencantados (24%) y, ya en porcentajes inferiores, enfadados (16%), desesperados (16%) o tranquilos (14%) seguros (12%), apáticos (11,3%) o relajados (9%).

El escenario anímico como se aprecia es muy variado, aunque las dos expresiones más mayoritarias reflejen un tinte de preocupación e inseguridad, mezclado con una cierta motivación para encarar el futuro.