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Los jóvenes exponen parcelas de la vida antes restringidas a círculos íntimos y trasladan la frontera de lo que se muestra y lo que no.
•    La consolidación de las redes sociales como medio de relación entre los jóvenes confiere a la intimidad un sentido más amplio, flexible y moldeable.
•    El estudio está elaborado a partir de diversos grupos de discusión y el análisis de fuentes estadísticas que recogen datos sobre hábitos y expectativas de los jóvenes en España y en Europa en  relación a las TICs.
•    Se trata de una investigación del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, un centro privado e independiente creado por la FAD gracias al apoyo de Banco Santander y Telefónica.

(Madrid, 2 de julio de 2014).- La participación de los jóvenes de 16 a 26 años en redes sociales supone necesariamente una cesión de parte de su intimidad: exponen parcelas de la vida antes restringidas a círculos íntimos y trasladan la frontera de lo que se muestra y lo que no.

La consolidación de las redes sociales como medio de relación y comunicación entre adolescentes y jóvenes y el hecho de que muchos de ellos hayan crecido y estén madurando de la mano de estos procesos de socialización les llevan a redefinir el concepto de «intimidad» a partir de una nueva manera de gestionar el yo. La frontera entre lo público y lo privado se difumina, y la privacidad se entiende en un sentido mucho más amplio, flexible y moldeable.

Éstas son algunas de las conclusiones extraídas de la investigación “Jóvenes y comunicación. La impronta de lo virtual”, elaborada por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, un centro privado e independiente creado por la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción) gracias al apoyo de Banco Santander y Telefónica.

El estudio analiza la manera en que las nuevas tecnologías, especialmente las redes sociales, influyen en la comunicación y en la socialización entre la población joven de 16 a 26 años. Está elaborado fundamentalmente a través de diversos grupos de discusión y el análisis de fuentes estadísticas que recogen datos sobre hábitos y expectativas de los jóvenes en España y en Europa en relación a las TICs.

Como punto de partida y según el discurso de los propios jóvenes, «estar en las redes sociales» les lleva a aceptar una serie de contrapartidas íntimamente ligadas con el concepto de intimidad. La propia naturaleza y sentido del estar presupone que la participación en la mayoría de las redes sociales debe tener, cuando menos, una dimensión pública, tras la cual quizás pueden darse otras más privadas, pero que en cualquier caso ya parte de la aceptación de esa proyección pública del yo online, de esa intimidad compartida y de la renegociación de los límites entre lo privado y lo público.

Pese a todo, les compensa perder parte de su intimidad porque no estar integrado en las redes sociales se interpreta como perder oportunidades, no estar en el escaparate. Para ellos, el yo online es tan yo como el offline, y no actúan uno en detrimento del otro, sino como elementos complementarios.

En este nuevo pulso entre lo que se mantiene en la intimidad y lo que se expone a la vida pública, entran en juego dos factores. En primer lugar, el modo en que se ha trasladado la frontera de lo que se muestra y lo que no, exponiendo parcelas de la vida antes restringidas a círculos íntimos y ahora abiertas a personas con las que se mantiene relaciones mucho menos cercanas. Y, en segundo, la relación entre el punto en el que se sitúa dicha frontera y la red social a la que se haga referencia, ya que las propias características de cada red social ofrecen mayores o menores posibilidades de salvaguardar espacios de privacidad. Por ello, estar en una u otra también tiende a interpretarse como una manera de optar por un mayor o menor grado de intimidad o por una manera de ejercer la privacidad de una u otra forma.

Según el discurso de los jóvenes, el que no les importe perder parte de su intimidad no significa que no la tengan en cuenta ni la valoren. Y es que, para muchos de ellos, la privacidad no es ocultar información, sino gestionar su alcance, lo que se comparte, cómo se presenta o quién accede a ella.

Frente a esta visión generalizada por parte de los jóvenes usuarios, existen dos posiciones que llevan al extremo las opiniones al respecto. Por un lado, la de los usuarios de poca intensidad u ocasionales, que mantienen la convicción de no ceder ante las contrapartidas que ofrece la red y preservar la parcela privada sin injerencias. Por otro, la de los usuarios de alta intensidad, que asumen plenamente la redefinición y puesta al día del concepto «intimidad» e incluso llega a plantearse que «la intimidad está sobrevalorada».

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