Autor: fad
12 enero, 2022

  • Según la investigación “Experiencias y percepciones juveniles sobre la adaptación digital de la escuela en pandemia”.
  • Las dificultades más extremas tienen que ver con el ambiente familiar y las condiciones del hogar, más que con el acceso a dispositivos o con el estado de los mismos. No puede entenderse al alumnado como un grupo homogéneo. 
  • En una escala de 0 a 10, ellas y ellos tienen un grado de acuerdo alto (7 sobre 10) con afirmaciones como que las clases online requieren de más constancia que las clases presenciales,  que el ritmo de las clases online es más lento o que con la educación online están mucho más sobrecargados de tareas. 
  • La mayoría son autodidactas en cuanto a su alfabetización digital: aprenden por ensayo y error, recurriendo a tutoriales, guías o vídeos o haciendo uso de las competencias ya adquiridas por su uso de TIC en otros aspectos de su vida. Si necesitan ayuda, prefieren acudir a amigos o familiares que al profesorado. 
  • El estudio ha sido realizado a través de la creación y dinamización de dos comunidades online y más de 600 entrevistas a estudiantes de Secundaria, Bachillerato y FP, entre 14 y 18 años, residentes en todo el territorio nacional. El trabajo de campo tuvo lugar en junio de 2021. 
  • El informe ha sido realizado en el marco de Educación Conectada, el proyecto de BBVA y Fad para contribuir a la transformación digital del sistema educativo, y presentado en el evento “La adaptación escolar a la cultura digital: la asignatura pendiente”.

(Madrid, 12 de enero de 2022).- Tener un espacio adecuado en casa o apoyos familiares “a mano” ha sido determinante para poder seguir mejor o peor la educación híbrida, online-presencial, impuesta durante el último curso. Cuando se percibe que ese apoyo o ese ambiente familiar fallan es cuando se observan las mayores brechas educativas entre pares, más aún que las que tienen que ver con carencias materiales.

Además de la brecha económica en los hogares, la brecha de género y la brecha por centros se suman a la heterogeneización de la adaptación digital. En general, a ellas se les han hecho más cuesta arriba los cambios y confían menos en sus habilidades digitales. Y en los centros educativos públicos, las y los jóvenes refieren menos atención en caso de dificultad, vinculada a la menor disponibilidad de recursos. 

Educación Conectada -el proyecto educativo de BBVA y Fad para apoyar la transformación digital en el ámbito educativo- ha querido indagar en las potencialidades de las TIC como medios de transmisión de conocimientos durante la pandemia, según las culturas digitales de adolescentes y su relación con los centros escolares y sus redes de apoyo personales. El trabajo de campo de la investigación “Experiencias y percepciones juveniles sobre la adaptación digital de la escuela en pandemia” fue realizado en junio de 2021 y consistió en la creación y dinamización de comunidades online de discusión y en la realización de 612 encuestas a jóvenes entre 14 y 18 años.

La investigación ha sido presentada por Eulalia Alemany, directora técnica de Fad, en el marco del evento “La adaptación escolar a la cultura digital: una asignatura pendiente”, en el que se ha contado con la Ministra de Educación y Formación Profesional, Pilar Alegría. En el evento han intervenido Antoni Ballabriga, Director Global de Negocio Responsable de BBVA e Ignacio Bayón, presidente de Fad. El acto ha sido conducido por la periodista especializada en educación Ana Torres, quien ha realizado una entrevista al científico de datos y teórico de la educación Sugata Mitra

DIFICULTADES DETECTADAS EN EL CURSO 2020-2021

Cerca de la mitad de los y las jóvenes (47,2%) afirma que pudo continuar con los estudios online “bien, con algunas dificultades”, un 28,1% indica que lo hizo “perfectamente”, un 16,6% “con bastantes dificultades”, y hay un 4,3% para el que ha sido “casi imposible”.

Algunas de las dificultades a las que se enfrentan durante la formación online pueden ser contrastadas a la luz de sus valoraciones sobre diversos aspectos relacionados con la educación online, valoraciones que hacen especial hincapié en el esfuerzo extra que supone enfrentarse a la educación online (en términos de constancia y dedicación), cuestiones que también se pudieron escuchar en los grupos realizados.  

En una escala 0-10, donde 0 significa “nada de acuerdo” y 10 “totalmente de acuerdo”, existe un grado de acuerdo alto con afirmaciones como “seguir las clases online requiere de más constancia” (7,18), “con la educación online estamos mucho más sobrecargados/as de tareas” (6,79) o con que “el ritmo de las clases online es más lento que el presencial” (6,76).

Algo menos de acuerdo suscita la afirmación sobre la flexibilidad: “con la educación online tengo más libertad para hacer las tareas a mi ritmo” (6,14).  Y en el último lugar de las ideas propuestas (aún así con más nivel de acuerdo que de desacuerdo: 5,95) estaría que “el método de evaluación online es más injusto”. 

COMPLEMENTARIEDAD ONLINE-OFFLINE

En la educación online se perciben algunas ventajas como la comodidad (47,7%), la capacidad para organizar el tiempo como quieras (39,4%), y la posibilidad de evitar desplazamientos innecesarios (38,5%). Las principales dificultades que se señalan son los cortes o lentitud de la conexión (un 30,4% lo experimenta “constantemente o con frecuencia” y el 35% “a veces”). 

Con todo, el alumnado ha aceptado la complementariedad entre los planos online y presencial de la formación, siempre desde la perspectiva de que la educación presencial será la principal y prioritaria. 

Para que la complementariedad sea real y posible, las y los adolescentes ponen el foco en la incorporación de las tecnologías en las aulas. Ante el planteamiento de una serie de ideas en relación al uso de las TIC en los centros educativos, las que más acuerdo generaron fueron que “la tecnología propicia propuestas educativas más innovadoras” (7,24) y que “el uso de la tecnología hace que las clases me resulten más interesantes” (7,03)

ALFABETIZACIÓN DIGITAL: ¿UN PROCESO DE AUTOCAPACITACIÓN?

1 de cada 4 jóvenes señala haber tenido problemas con el uso de Internet o de dispositivos a lo largo del curso. Al hilo de los problemas experimentados con las clases online, resulta muy destacable que el 22,9% de quienes experimentaron problemas afirma que no pidió ayuda a nadie, y el 46,6% de quienes no pidieron ayuda buscaron la información en internet. Datos que refuerzan los argumentos en torno a la evidente tendencia autodidacta de la capacitación tecnológica, a la cultura del tutorial online como fuente de resolución de problemas, y al ejercicio del ensayo/error como estrategia formativa.

Cuando comparan su habilidad en relación a la de los diversos agentes que les rodean, la percepción sigue siendo alta. Muy especialmente respecto a las personas adultas: el 81,9% afirma ser “mucho o algo” más habilidoso/a que su padre/madre (53,8% “mucho más”), y el 73,8% afirma lo mismo respecto a sus profesores/as.

EDUCACIÓN CONECTADA

Educación Conectada es una iniciativa de Fad y BBVA que comprende un conjunto de acciones orientadas a facilitar la transformación digital del sistema educativo.  y para ello ofrece acciones de reducción de la brecha de uso digital (formando en competencias, especialmente).

El proyecto Educación Conectada ha configurado una innovadora oferta formativa en competencias digitales para docentes, centros, familias y alumnado. A lo largo de 2022 se espera que sean 13.000 las y los beneficiarios de esta formación.

Para los equipos directivos y profesorado se ofrece un plan formativo  encaminado a contribuir a la transformación digital de los centros (cultura colaborativa, comunicación, etc.) y otros aspectos fundamentales como la gestión de la identidad digital o el conocimiento de herramientas digitales concretas para utilizar con éxito en entornos educativos. Para las familias las acciones van encaminadas a ofrecerles las claves para acompañar a sus hijas e hijos en la nueva cultura digital educativa. Para el alumnado, se va a lanzar la aplicación “¿Qué ser digital eres?” con la que pueden medir su nivel de competencia digital y acceder a recursos específicos para mejorar las áreas menos desarrolladas.