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Un mismo problema, nuevos enfoques

La FAD nace en 1986, por iniciativa del General Gutiérrez Mellado. En aquellos momentos la sociedad vivía con gran alarma la extensión del consumo de la heroína, con sus correlatos de marginalidad, delincuencia e inseguridad ciudadana, y demandaba medidas urgentes para acabar con un fenómeno que generaba preocupación y rechazo.

En ese contexto, la FAD toma una decisión estratégica arriesgada, que luego se revelaría como acertada y oportuna: superando el discurso social inspirado por la alarma y el miedo y orientado por la necesidad de enfrentar las urgencias determinadas por las consecuencias de los consumos, la FAD decide centrar su trabajo en la prevención.

Este enfoque exigía plantearse el conocimiento del contexto sociológico en el que se presentaban los problemas, contar con capacidades para la observación crítica, disponer del necesario potencial de reflexión y análisis y, sobre todo, dotarse de una gran flexibilidad de adaptación a una realidad cambiante.

En el tiempo transcurrido desde 1986 se han modificado la naturaleza y la percepción social de los problemas, se han implantado nuevos patrones de consumo, de nuevas sustancias, e incluso han aparecido discursos banalizadores del consumo de ciertas drogas. La FAD ha tratado de adaptarse a la nueva realidad social, articulando programas de actuación acordes a las renovadas necesidades.

Si bien en un primer momento la prevención se centró en crear barreras a las drogas, advirtiendo de sus riesgos y desarrollando campañas defensivas que permitieran alejar la amenaza y reducir el impacto de problemas, muy pronto se llega al convencimiento de que es preciso superar los planteamientos preventivos excluyentes, centrados sólo en el rechazo. Fue preciso articular un modelo de actuación integral, que también considerase la interrelación entre las drogas, otros conflictos más genéricos y el contexto en el que todo se situaba. Es en este marco donde cobra importancia la educación, no sólo de los grupos de riesgo sino de la población en general, promoviendo el desarrollo personal y las capacidades de los individuos y de los grupos para decidir autónomamente y para vivir en libertad y seguridad.

La educación preventiva, especialmente en la etapa infantil, se configura como un elemento fundamental en la generación de factores de protección para afrontar las situaciones de riesgo social, entre las que se encuentra el consumo de drogas.