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Las madres adolescentes no creen que su maternidad temprana sea necesariamente un indicador de riesgo de exclusión social

  • Según el testimonio de las jóvenes madres entrevistadas, desde que reciben la noticia de su embarazo hasta que dan a luz a su hijo o hija se producen transformaciones en ellas que consideran positivas: afianzamiento de su madurez, compromiso con sus nuevas responsabilides como madres y refuerzo de su identidad como mujeres, fundamentalmente.
  • Como consecuencia más negativa de su maternidad temprana señalan el sentirse juzgadas, tanto por adultos como por coetáneos, y sufrir una presión social que “estigmatiza y desmotiva”.
  • La investigación ha sido realizada por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, gracias al apoyo de Banco Santander y Telefónica, en colaboración con el Grupo de Estudio sobre la Sociedad del Riesgo de la Universidad de Zaragoza y  de la Dirección General de Igualdad y Familias del Gobierno de Aragón.
  • El estudio esta basado en entrevistas en profundidad a 32 mujeres que fueron madres entre los 14 y los 19 años. Además se complementa con la visión de expertos y expertas en la atención profesional a jóvenes embarazadas y madres adolescentes.
  • El objetivo principal del estudio es analizar la maternidad adolescente desde la propia experiencia de las jóvenes madres para conocer sus necesidades y demandas que ayuden a plantear medidas que faciliten su inserción social integral.

Esta mañana en Zaragoza se han presentado los resultados de la investigación “Relatos de madres adolescentes”, elaborada por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, gracias al apoyo de Banco Santander y Telefónica, en colaboración con el grupo de Estudio sobre la Sociedad del Riesgo de la Universidad de Zaragoza y  de la Dirección General de Igualdad y Familias del Gobierno de Aragón. La investigación se ha dado a conocer en el marco de la Jornada “Experiencias y realidades familiares de las madres adolescentes en la España actual” celebrado hoy en la capital aragonesa. El estudio está basado en entrevistas en profundidad a 32 jóvenes madres (entre 18 y 29 años) residentes en Zaragoza y en Madrid.

La Jornada de presentación ha sido inaugurada por la directora de Igualdad y Familias  del Gobierno de Aragón, Teresa Sevillano Abad, la subdirectora del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, Anna Sanmartín y la decana de la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo de la Universidad de Zaragoza, Ruth Vallejo Dacosta. Los datos del estudio han sido presentados por los autores del mismo, el sociólogo Alessandro Gentile y la antropóloga Ana Lucía Hernández.

El objetivo de este estudio es facilitar la comprensión y visibilización de la problemática de quienes deciden seguir adelante con la gestación en estas edades así como analizar la maternidad adolescente desde la propia experiencia de las jóvenes madres para conocer sus necesidades y demandas que ayuden a plantear medidas que faciliten su inserción social integral.

MATERNIDAD ADOLESCENTE: UN FENÓMENO EN CONSTANTE EVOLUCIÓN

En España, la maternidad adolescente es un fenómeno poco visible que afecta a casi ocho de cada mil mujeres de entre 15 y 19 años. Esta cifra se enmarca en un contexto en el que, en estas edades,el 65,7% de las chicas se encuentran sexualmente activas frente al 67,1% de los chicos, y en el que la tasa de interrupciones voluntarias del embarazo en mujeres menores de 19 años se sitúa en 9,8 mujeres de cada 1.000. 

La evolución de este fenómeno ha sido variable. Entre 1996 y 2008 se duplicó la tasa de fecundidad adolescente (pasando de 7,37 nacimientos por 1.000 mujeres entre 15 y 19 años a 13,3). Entre 2008 y 2015 la tasa ha vuelto a bajar (7,74) pero no deja de ser significativo que se sitúe en los mismos niveles de hace dos décadas.

Por estos motivos, la maternidad adolescente sigue siendo un fenómeno de trascendencia social a tener en cuenta en el establecimiento de políticas públicas referentes a salud sexual y reproductiva, relaciones de género y de pareja y los modelos de planificación familiar y transición a la vida adulta de las nuevas generaciones. 

Una de las principales conclusiones es que el significado que las mujeres que fueron madres adolescentes otorgan a su embarazo, cuidado y crianza infantil, al mismo tiempo que han estado realizando su transición a la vida adulta, no es únicamente negativo. La valoración positiva que en general las madres jóvenes hacen de sus vivencias tiene que ver con el desarrollo de un amor incondicional hacia sus hijos e hijas, con la asunción de responsabilidades como forma de madurez y con el refuerzo de su identidad como mujeres, lo cual viene a contradecir en cierta forma la visión tradicional del fenómeno como indicador de riesgo de exclusión social para ellas.

Una vez asumida la situación –un trance que reconocen no está exento de episodios incluso dramáticos-, en general la maternidad es percibida como una forma de identificación con sus propias madres y una confirmación de su feminidad, además de una oportunidad para ser felices por criar a su hijo o hija sin que haya una gran diferencia etaria con él o ella.

Por otra parte, destaca también el hecho de que de forma mayoritaria señalan sentirse (o haberse sentido) continuamente sometidas a juicios de valor por parte de quienes les rodean, tanto adultos como coetáneos, lo cual mina su tranquilidad y su motivación a la hora de asumir el rol materno. 

Ante esta hostilidad percibida del entorno, en la mayoría de los casos se produce un mecanismo de defensa que consiste en “sublimar” su relación de pareja. Muchas delas entrevistadas consideran que, tal y como afirman los autores del estudio: “su novio es todo lo que les hace falta, que él llena todos los vacíos que sienten y que junto a él todo es posible”. En sus afirmaciones se percibe que consideran a su pareja un “refugio” para esconderse de un mundo que ellas perciben como hostil y ajeno, porque no las entiende, no las acepta o porque no secunda los cambios psico-físicos que ellas están viviendo en su fase post-infantil y pre-adulta. Esas dinámicas en general acaban configurando relaciones asimétricas de poder con sus parejas que las hacen dependientes. 

Para algunas entrevistadas asumir y cumplir sus responsabilidades de madres de forma modélica es también una forma de reaccionar a esa incomprensión percibida. Afirman que lo único que pueden hacer es demostrar siempre su dedicación y su disponibilidad con el hijo, incluso cuando esto implica admitir los propios errores y las propias frustraciones o desatender otros compromisos, como los estudios. De esta forma sienten que pueden escapar en cierta forma al juicio social.

Una vez nacido el hijo o hija, su posibilidad de conciliar las tareas derivadas de su maternidad con lo normal a su edad (como seguir estudiando, salir con amistades…) depende en gran medida de los apoyos (formales e informales) que ellas consigan activar. 

En todos los casos, los relatos insisten en lo que son (adolescentes), lo que quieren ser (madres felices) y lo que hubieran podido ser (sin el hijo), lo cual refleja una cierta ambivalencia con esa valoración positiva de la experiencia en general, pero con realidades también dramáticas, de lo que están viviendo. La visión distorsionada del amor por el padre biológico de su hijo o hija altera una toma de decisiones inicial que, en la mayoría de los casos, afectará a su trayectoria en solitario o acompañada de sus propios progenitores. 

En cualquier caso, el estudio confirma que en las representaciones de la experiencia materna de mujeres jóvenes españolas que parieron su primer hijo cuando tenían una edad comprendida entre 14 y 19 años, algunas de forma intencional y otras no,se encuentran discursos ricos en matices que merecen replantear la forma en que se valoran sus experiencias adoptando una mirada más amplia. Desde la decisión de mantener relaciones sexuales sin protección hasta la decisión de emprender la nueva vida acompañada o en solitario existen circunstancias particulares que personalizan el fenómeno. 

UNA DEMANDA CLARA: EDUCACIÓN AFECTIVO-SEXUAL Y EN IGUALDAD

Otra de las conclusiones que aportan los expertos a este estudio señala que al contemplar la adolescencia y la juventud como una etapa de la vida fundamental en la definición de la identidad es imprescindible que en la educación se incluya la dimensión afectivo-sexual y la perspectiva de igualdad entre hombres y mujeres para evitar problemáticas relacionadas con la maternidad adolescente. Se trata de líneas de prevención que pueden orientar políticas públicas que entienden que la maternidad temprana no debe ser la única oportunidad posible para las adolescentes y que en el caso de producirse un embarazo precoz y decidir llegar a término no tiene por qué ser una condena para el resto de sus días. 

Conocerse mejor y ser más cuidadosos y cuidadosas con las conductas afectivo-sexuales evita correr riesgos (como un embarazo no deseado) e integrar la sexualidad como fuente de desarrollo personal para chicos y chicas. Educar en igualdad significa que en el caso de asumir los riesgos, la responsabilidad que conlleva se reparta entre las dos partes, además de evitar la utilización del sexo como forma de dominio del hombre sobre la mujer.

 

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