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Un modelo integral de intervención

 

 

La FAD entiende que es de gran importancia preparar a los niños y niñas para que, cuando lleguen al momento de la toma de decisiones autónomas frente a la amplia y variada oferta que la realidad social presenta, puedan enfrentarlo desde mayores cotas de libertad y con menor vulnerabilidad. Por ello propone la educación preventiva como la acción fundamental de cara a las conductas de riesgo, y la etapa infantil como el momento idóneo para iniciar el proceso. El eslogan "La educación lo es todo" es el compendio, forzosamente simplificador, de la filosofía que la FAD quiere promover.

Los problemas de drogas rara vez se presentan de forma aislada, y ciertos factores personales, de relación con otras personas y socioculturales, pueden tener una incidencia decisiva. Por ello, la prevención no puede limitarse a advertir de los riesgos. Prevenir exige apoyar el desarrollo de las personas y de los grupos sociales, especialmente de los jóvenes, tratando de generar espacios de mayor libertad, entendiendo ésta como la capacidad de ser autónomos, de tener más opciones vitales y de ser capaces de organizar la propia vida.

La capacitación educativa desde la etapa infantil es clave, ya que es en el inicio de la vida cuando se crean las condiciones básicas para el desarrollo personal. La autoestima, el autocontrol, la empatía, el respeto al propio cuerpo, la tolerancia, etc., ayudan a manejar mejor los potenciales riesgos que inevitablemente se deberán enfrentar. Obviamente, sin que eso signifique descuidar el trabajo durante las etapas, básicamente la adolescencia y primera juventud, en las que se concentra la aparición de situaciones de riesgo.

La FAD aboga por un enfoque educativo de la prevención, entendiendo la educación como un proceso intencional que pretende mejorar a las personas y a los grupos a través de una estrategia global e integral, y actúa en todos los ámbitos en los que se concreta la acción de educar: familia, escuela y comunidad.

Por otro lado, la experiencia de estos años de trabajo nos viene demostrando que las acciones y programas construidos para prevenir los consumos de drogas y sus consecuencias también pueden ser indirectamente eficaces para prevenir otras conductas de riesgo como la violencia, la intolerancia, el racismo o el fracaso escolar, por razón de un origen común de los conflictos, ligado a fallos en el proceso educativo. Todo ello nos lleva a enfatizar la exigencia de reforzar los planteamientos educativos, y hacerlo a través de estrategias precoces.

Es obvio que estas acciones educativas son compatibles, y deben ser complementadas, con otros programas directamente enfocados a objetivos concretos: información sobre sustancias, consumos y consecuencias, promoción de la reflexión crítica en adolescentes, propuestas específicas para grupos de riesgo, etc.

Al tiempo, la Fundación considera necesario seguir trabajando en la capacitación de profesionales y mediadores, de todos aquéllos que están directa o indirectamente implicados en los múltiples aspectos de las tareas de prevención, para que aumente la eficacia de las acciones. En esa estrategia de formación se presta una especial atención a las nuevas tecnologías, no sólo para ampliar el impacto de las acciones sino para incorporar medios de comunicación novedosos a las fórmulas de diálogo preventivo.

Finalmente, consciente de que cualquier línea de intervención se desenvuelve en un contexto sociológico que la facilita o que la dificulta, y convencida de que los problemas de drogas exigen de una movilización colectiva, la FAD desarrolla toda una línea de comunicación, a través de múltiples fórmulas, destinada a sensibilizar a la sociedad, estimular su movilización, orientar el discurso social, etc.

En suma, la FAD es una institución firmemente comprometida con la prevención de los consumos de drogas, y pone sus habilidades y conocimientos técnicos, su experiencia y su capacidad de innovación al servicio de las personas y de la sociedad.