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Introducción.
Para hacer su camino, la humanidad, persona a persona, generación a
generación, ha tenido que ir transmitiendo los valores necesarios para
vivir en sociedad. Cada recién nacido ha debido incorporar la experiencia
de todo un mundo anterior para instalarse en esa cadena de progreso.
La historia de los hombres es la historia de la educación.
Las familias, en cualquiera de sus fórmulas culturales, han protegido
y orientado a sus miembros, ayudándoles a integrarse y enseñándoles
las formas de sobrevivir y poder enseñar a otros; y las sociedades
han creado recursos y maneras de reforzar la tarea de las familias.
Educar es tan necesario que no puede quedar relegado a la responsabilidad
de los grupos familiares, por mucho que éstos sean esenciales. La educación
es tarea de todos y, desde siempre y tanto más cuanto más complejas
se hacen las sociedades, han aparecido instituciones y personas en las que
se depositaba de manera especial ese trabajo fundamental.
En los ritos de iniciación, en la larga tarea de aprendizaje de un oficio,
en el recorrido de los caminos de la espiritualidad, en el progreso filosófico
o moral, en una palabra, en la ayuda a la construcción de la persona
siempre hemos encontrado al Maestro.
Si la historia de la humanidad es la historia de la educación, la
historia de la propia vida es la del magisterio que se haya tenido.
La FAD quiere hacer explícito este reconocimiento; quiere agradecer
a los maestros y maestras que lo sean, que hayan aceptado serlo, que quieran
seguir siéndolo. De ellos depende en buena parte nuestro futuro.
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Por
qué.
La
FAD Y la educación.
La Fundación de Ayuda contra la Drogadicción entiende que
prevenir los consumos de drogas no puede limitarse a advertir de los riesgos
sociales. Siendo esto necesario, es precoso ir más allá. Prevenir
exige apoyar el desarrollo de las personas y de los grupos sociales, especialmente
los jóvenes, tratando de generar espacios de mayor libertar. Libertad
que hay que entender como la capacidad de ser autónomos, de tener
más opciones viables, de ser capaz de organizar la propia vida. La
FAD, a partir de su experiencia en la prevención de los consumos de
drogas y sus consecuencias, ha llegado al convencimiento de que es preciso
abordar esas tareas preventivas desde la niñez. El inicio de esta
capacitación educativa en la etapa infantil es clave. De cero a nueve
años se ponen las primeras piedras de la personalidad. Una adecuada
educación en valores puede constituir una importante barrera ante
multitud de factores de riesgo. La autoestima, el autocontrol, la empatía,
el aplazamiento de la recompensa, el respeto al propio cuerpo, etc., permiten
que el joven sea más dueño de sus propias actitudes y comportamientos
y que tenga más posibilidades de elegir en libertad, sabiendo manejar
mejor los riesgos que inevitablemente deberá afrontar y que están
relacionados con comportamientos conflictivos para él mismo o para
los demás: consumo de drogas, violencia, intolerancia, xenofobia,
etc. La educación es un proceso largo en el tiempo, pero lo no realizado
en la etapa infantil nos hace más vulnerables. En la etapa infantil
los maestros y maestras no una pieza fundamental en la construcción
de la personalidad el niño, en la transmisión de valores que
más tarde serán fundamentales.
La
escuela y la familia.
Durante el período inicial de la vida, la familia y la escuela actúan
como los principales referentes para ceder luego protagonismo al grupo, a
los medios de comunicación, a la publicidad, etc., que introducen
otras pautas de comportamiento e influyen notablemente en el individuo. Tradicionalmente
la familia era el principal agente en la educación de los niños
y niñas, contando con el apoyo inestimable de los maestros y maestras
que, en colaboración con los padres y madres, y desde la escuela,
cubrían una parte de la imprescindible labor educativa. Pero la situación
ha cambiado radicalmente en los últimos años.
Por un lado, los modernos estilos de vida, las condiciones socioeconómicas
y el trabajo cada vez más extendido de ambos progenitores, resta tiempo
para la atención de los hijos; por otro, existe un importante número
de familias monoparentales y no son infrecuentes los casos de familias en
las que conviven hijos de distintas parejas. Como consecuencia de estas realidades,
la familia ha perdido coherencia, estabilidad y eficacia educativa. Y, en
estas circunstancias, los padres y madres – al menos un número
importante de ellos – tienden a delegar y a exigir a la escuela la
responsabilidad de educar a sus hijos, que ellos en parte han abandonado.
La escuela se ha convertido también en un terreno minado. NO se trata
sólo de la complejidad derivada de los fenómenos multiculturales
y étnicos, sino sobre todo de la crisis de autoridad en la que se
encuentra el profesor, al que cada vez se le exige más sin proporcionarle
los recursos y el apoyo social que precisa.
Muy a menudo los profesores y las profesoras no se ven reconocidos ni recompensados.
Esto provoca un cansancio emocional, al tiempo que la vocación de
docente se ve frustrada hasta el punto de verse desmotivado. Tiene la obligación
de enseñar, en muchos casos a quien no quiere aprender, y no siempre
se consideran capacitados para educar o no consideran que esa sea su obligación.
Es cierto que en el colectivo de profesores existe una clara conciencia
de la necesidad de desarrollar estrategias de prevención de las distintas
conductas de riesgo y que la escuela debe estar implicada en esa tarea, que
en ningún caso se entiende como cosa propia y exclusiva, sino compartida
con la familia y con el resto de la comunidad.
Hay profesores que tienen un marcado carácter educador y que entienden
que su función es también la de tutelar el desarrollo y maduración
de sus alumnos. En el otro polo, después de declinar todas las variables
posibles, se encuentran aquellos que se sienten e idenfican tan solo como
enseñantes y creen que su labor exclusiva es transmitir los conocimientos
que determinan el “currículo” de la asignatura que imparten.
El papel del educador alcanza una singular importancia en un escalón
de la enseñanza que no siempre se considera y valora en la forma adecuada,
la etapa infantil, que es donde realmente se gestan las actitudes de trabajo,
relación, convivencia y los hábitos de diversión, respeto
a los otros con independencia de sexo, religión y raza, rechazo de
la violencia, autoestima y autocontrol, condiciones todas ellas necesarias
para hacer frente y eludir las situaciones de riesgo.
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Objetivos.
A partir del convencimiento de que las conductas de riesgo deben ser prevenidas
desde la niñez y que resulta de extraordinaria importancia trasmitir
al niño pautas adecuadas de comportamiento, capacidad de autocontrol,
el aplazamiento de la recompensa y habilidades para la toma de decisiones
y que, en esta labor, la acción del Maestro es crucial y que éste
se encuentra en serias dificultades para su desarrollo, la FAD ha considerado
adecuado proponer a la sociedad la celebración de un HOMENAJE
AL MAESTRO en reconocimiento de la imprescindible tarea que realiza y que debe seguir
realizando.
El homenaje persigue los siguientes objetivos:
- Destacar la importante labor educadora que cumplen el maestro
y la maestra, quienes, junto a la familia, son los primeros formadores
en valores.
- Promover una movilización social educativa
desde y por la sociedad civil. Lograr un homenaje a TODOS.
- Resaltar
la importancia extraordinaria que una buena educación
y formación tiene a la hora de prevenir situaciones de riesgo social
(drogodependencia, violencia, sexismo, racismo, etc.)
- Crear conciencia
y sensibilidad a la sociedad sobre la relevancia del papel de maestros
y maestras como educadores y enseñantes y prestigiar
su figura y su función.
- Reforzar la coordinación
y el apoyo mutuo entre la familia y la escuela.
- Reclamar el apoyo
y compromiso de la sociedad con los maestros y maestras con las funciones
que desarrollan.
- Agradecer a todos los maestros y maestras la
labor realizada y la que la sociead les pide que sigan realizando.
- Promover
la recuperación de la ilusión y la alegría
de los maestros y maestras por la función que desarrollan.
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