Educar es algo más que transmitir conocimientos. El proceso
educativo debe perseguir como fin ayudar a las personas a crecer y evolucionar,
para que puedan llevar una vida lo más plena, autónoma y satisfactoria
posible.
Por esta razón, la preparación para la vida, esa tarea de construcción
equilibrada de la personalidad y de adaptación a un entorno social cambiante
y complejo, requiere en muchas ocasiones de trabajo sobre aquellas causas o
condiciones que impiden a las personas y a los grupos desarrollarse y vivir
de manera integrada. La educación es entendida así como un potente
instrumento que puede tener objetivos muy variados, tales como influir positivamente
contra la marginación, la drogodependencia, la violencia o muchos otras
situaciones de riesgo.
Y aunque la educación no sólo se circunscribe a la escuela, sí
que tiene en ella un lugar de expresión principal, pues ésa institución
la contiene como su principal objetivo. Después de la familia, la escuela
es un espacio fundamental y privilegiado desde el influir positivamente, de
manera acorde al propio proceso evolutivo de los alumnos y durante unos años
decisivos de su vida, lo que permite garantizar mayores probabilidad de éxito.
En este espacio preventivo, el principal (pero no único) mediador educativo
(y por ello, preventivo) es sin duda el profesorado, como colectivo profesional
específicamente cualificado para dicha función. Numerosos estudios
indican que la mayoría de los profesores son conscientes de esa situación
y de sus posibilidades y se encuentran dispuestos a trabajar en este campo,
algo que, por otra parte, corrobora nuestra experiencia en este campo.
La prevención escolar ha avanzado mucho en estas últimas décadas.
Hoy conocemos mejor su complejidad y ya sabemos, por ejemplo, que prevenir no
debe limitarse a informar o que la prevención escolar no es una tarea
que deba recaer exclusivamente en el profesorado. Sabemos que la prevención
es más eficaz cuando se acomete desde una implicación global,
que pasa por el compromiso de padres y madres, el apoyo de técnicos y
expertos, poniendo a disposición de la escuela herramientas sencillas
y eficaces así como el refuerzo desde la propia comunidad.
En estas páginas queremos aportar a los educadores una serie de propuestas
y herramientas educativas y preventivas, diseñadas desde la pretensión
de su utilidad para el trabajo cotidiano en el aula. Por otro lado, sería
interesante que fueran utilizadas como espacios en los que ejercer el siempre
enriquecedor intercambio de ideas y experiencias.

Si precisa de más información, puede consultar nuestra página
de Educación
en Valores en el espacio desarrollado por la FAD en Educared.
|